El nombre del último lugar que conocimos
ameritaba que usara
Word para tener las “eñes” correspondientes…y los acentos…
Después de terminar el trabajo en terreno el lunes en León, decidimos que lo mejor para escribir el informe final (dado que no tenemos una oficina o algo así) era buscar un lugar bonito cerca de la ciudad donde aprovechar de relajarnos, concentrarnos, trabajar y pasarlo bien…buena idea, cierto? así es que la mejor alternativa era ir a la playa, y Las
Peñitas prometía ser el lugar perfecto.
El viaje fue corto y al llegar allá nos encontramos con una playa bastante bonita, considerando eso si que es Costa Pacifico, por lo que el mar obviamente no era tranquilo y la arena no era blanca.
Conseguimos alojamiento en el mejor hotel del lugar, el cual tenía incluso playa privada. No era de lujo por supuesto (digamos que tenía pretensiones de 3 estrellas), pero por el precio y lo que ofrecía sonaba bastante bien.

El primer día (con luz de día) todo parecía perfecto. Disfrutamos un rato de la playa, hicimos ejercicio (
Lauren tomó la foto en que pretendo
elongar un poquito…después de mes y medio de no hacer ni media postura de
yoga), y nos instalamos para comenzar a trabajar.

Nuestros dormitorios estaban ubicados en el tercer piso, con una terraza con muebles a nuestra disposición. Hasta ese momento, todo parecía perfecto. La niña que hacia el aseo de las piezas era muy amable, y se preocupaba de ciertos detalles como…hacer figuras con toallas…(acá, un par de cisnes mirando a
mono).

Ese primer
día no avanzamos mucho en nuestro trabajo... por una parte la playa era una tentación demasiado grande, sobretodo cuando el calor es tanto que el cerebro empieza
recalentarse...

Pero el primer problema comenzó cuando quisimos ocupar el “cyber” que ofrecían (y del cual solo habíamos visto la puerta). Al abrirla apareció un espacio de unos 80 cms de ancho por 2 de largo…como lo que seria una mini despesa con un computador al fondo. Era tan claustrofóbico, que me negué a usarlo…pero a Lauren no le quedaba otra: debíamos trabajar, y solo Erica y yo andamos con laptop.

Pobre Lauren…después de pasar varias horas en la pieza de castigo…quiso tomar una ducha…pero en ella encontró la cucaracha más grande que dice haber visto en toda su vida. Se asustó…pero eso no era nada…

Luego, con esta hermosa vista de fondo, comenzó a anochecer…y nos juntamos las 3 en nuestra “oficina” fuera de las piezas a terminar de limpiar la base de datos. Y ahí llegaron los segundos animales invitados…resulta que en el tercer piso del hotel no solo dormían los huéspedes…sino también murciélagos…que mas encima con la luz se encandilan, por lo que a cada momento casi chocaban con nosotras. Jajaja, imagínense el griterío que teníamos…
(esta foto fue tomada por Erica, quien no siente la misma repulsion por ellos que si sentimos Lauren y yo....)

Pero lo peor para mi estaba por venir. El restaurante del hotel quedaba junto a la playa, y había que cruzar un pequeño patio interior para llegar a el. Pero grande fue mi sorpresa al ver que no solo yo cruzaba por el camino para allá…sino que también aquellas cosas a las que les tengo fobia profunda y de los cuales no quiero decir su nombre (pero empieza con R, y en plural tiene 7 letras). Al parecer vivían ahí, en el patio interior, porque cada vez que yo trataba de cruzar, ellos también. Lamentablemente no era la primera vez que pasaba…en este mes en este país ya me había encontrado con ese tipo de sorpresas en otros hoteles o restaurantes…pero siempre de a uno, no "en grupo".
Era esta una pesadilla…?
Era ese camino como los puentes de la edad media rodeado de cocodrilos?,
Estaba alucinando por el calor?
Creo que ninguna de las anteriores. Simplemente, eso es algo habitual en este país (al igual que todo el resto de la fauna presente), y nadie se extraña por eso. De hecho, yo era la única ridícula que se ponía pálida al cruzar el dichoso camino y que más encima reclamaba…(cuando fui a pedir que revisaran las piezas por los animales / bichos que habían… por supuesto que me miraron con cara de “ahhh, la mina atadosa…”).
Pero no crean que en el hotel no se preocupaban de la atención al cliente…noooo….
Se estaba alojando también un grupo grande de gringos (uno 30 o 40) que al parecer eran de una iglesia o algo así, porque pasaban cantando canciones religiosas…haciendo juegos tipo “limbo” y con actitud de “aleluya hermanos”. Por tanto…el personal procuraba atenderlos lo mejor posible…no solo bastaba que en el orden de prioridad para atender el almuerzo ellos fueran “los” importantes…y por tanto nosotras tuviéramos que ordenar el almuerzo a las 11 AM para que llegara a la 1 PM (qué son 2 horas de espera…sobretodo cuando tienes hambre…), sino que como también toco 4 de Julio…les tenían preparada una sorpresa …
No hay 4 de julio sin fuegos artificiales…así es que hicieron show casero de fuegos artificiales en la playa, fuera del restaurant, para el deleite de todos los estadounidenses que estaban en el lugar.

Supongo que el grupito de gringos de la iglesia esa (para quienes habían acomodado especialmente sillas en la playa para que disfrutaran del show) rezaron lo suficiente…porque quienes se encargaban del show eran un par de adolescentes que trabajaban en el hotel…y uno de ellos incluso se puso una especie de armazón incandescente de la cual salían fuegos artificiales para todos lados para el deleite de los ilustres huéspedes. Pero nadie se quemó…lo que demuestra el poder de la fé.
Luego tres días ahí, sin haber avanzado lo suficiente en nuestro trabajo, y luego de estar indecisa respecto a mi evaluación final del lugar…(después de tanta bipolaridad, aun no sé si fueron 3 días en el cielo o en el infierno…), regresamos a León, a pasar mas de 36 horas sin dormir por terminar los cálculos, informes y presentación final, y terminar así nuestro trabajo en Nicaragua.